La exposición póstuma de Colita recupera sus fotografías de un libro icono del feminismo en la Transición | Cultura

Barcelona, 1974. Dos vecinas se encuentran en la panadería.

—Oye, ¿tú tienes muchas fotos de mujeres, verdad?

—¡Muchas! Mi archivo está lleno de fotos de mujeres. Yo siempre las miro.

—¿Y por qué no hacemos un libro?

—Perfecto.

Las dos conocidas eran la fotógrafa Isabel Steva Hernández, Colita, y la escritora Maria Aurèlia Capmany, mujeres de izquierdas y feministas en una época en que esa declaración solía acarrear insultos gruesos. El fotolibro surgido de aquel encuentro, realizado a cuatro manos y en sesiones en las que recortaban y pegaban textos e imágenes, se llamó Antifémina, publicado en 1977 por Editora Nacional. Sin embargo, con las rebabas del tardofranquismo, la propia editorial lo retiró meses después por considerarlo subversivo. Aquella publicación no se reeditó hasta 2021, gracias al Ayuntamiento de Barcelona y a la editorial Terranova, y ahora se ha convertido por primera vez en exposición de fotografía, aunque sus autoras ya no estén vivas para verlo. Capmany falleció en 1991 y Colita, inesperadamente, el pasado 31 de diciembre, a los 83 años, cuando preparaba precisamente esta muestra, que puede verse hasta el 5 de mayo en el Círculo de Bellas Artes y que cuenta con la colaboración de la empresa cultural La Fábrica.

Para los organizadores de la exposición, titulada como aquel volumen, Antifémina fue el primer libro gráfico feminista de la Transición, una obra de culto con imágenes que hoy, en buena parte, siguen de actualidad. De la publicación se han escogido 94 imágenes de las 176 que contiene. Más fragmentos de los textos de Capmany (”nunca mis fotos estuvieron tan bien acompañadas”, diría Colita), para trazar una panorámica de la mujer en la etapa final del franquismo, una mujer sometida en una sociedad abiertamente machista.

“Es una visión crítica de la realidad, pero Colita retrató a estas mujeres con cariño, con humanismo”, ha explicado el comisario de Antifémina, Francesc Polop, amigo de ella y director del Archivo Colita. Polop ha precisado que casi la totalidad de estas fotos —tomadas entre 1960 y 1976— “no fueron hechas con el propósito del libro, sino que ya estaban en el archivo de Colita”.

Vemos así a mujeres mayores, estampas de cuerpos enlutados que van a misa y transmiten su soledad, han quedado apartadas de la sociedad “son antiféminas, de ahí el título del libro”; otras son jóvenes el día de su boda (“eran fotos que hacía Colita a sus amigas, porque se estaban casando todas”, añadió Polop en el recorrido con la prensa). En esta serie hay muestra de la ironía de la fotógrafa al retratar a una pareja de casados de espaldas entre los muros de un cementerio. También está la mujer trabajadora, “cuando la representación del trabajo era el hombre y la mujer tenía las faenas del hogar, pero no se consideraba trabajo”. Son mujeres en fábricas, de mirada tristona, o reparando redes de pescar.

En el recorrido hay lugar además para monjas que tienden ropa, señoras mayores en cementerios, prostitutas del Barrio Chino barcelonés, gitanas en la miseria de la barriada del Somorrostro y bellas y elegantes modelos. “Un contacto con la realidad”, en palabras de Capmany, “porque nada es más estimulante, corrosivo y revolucionario que la realidad”.

Polop, que se ha emocionado un par de veces durante la presentación, ha mencionado “la ilusión que le hacía a Colita esta exposición, de la que ella había hecho la selección de imágenes”, y que finalmente se ha convertido en un homenaje póstumo. Con ella trabajó en el proceso previo de localización y restauración de los negativos originales durante dos años. También ha recordado que Colita decía que el archivo de un fotógrafo no debía ser “un mausoleo, sino que había que difundirlo”, por lo que ha indicado que hay material para futuras exposiciones. En su intervención ha definido a Colita y Capmany como “dos mujeres reivindicativas, que en una época difícil se lanzaron a ser libres”.

Colita, retratada en su archivo en 2021.
Colita, retratada en su archivo en 2021.Francesc Polop

Además del legado que guarda Polop, “en torno al 30% de la obra de Colita”, ha precisado, el resto está repartido en el Archivo Nacional de Cataluña, Archivo Municipal de Barcelona, la Filmoteca de Cataluña (”lo que hizo de foto fija en películas”), el archivo del Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC), en el que militó; y el Museo Reina Sofía, en Madrid, entre otras instituciones.

Autodeclarada “fotoperiodista” y, con humor, “perra callejera”, Isabel Steva ha dejado, sobre todo, un fresco de la vida cultural de Barcelona a través de la llamada gauche divine, la burguesía de izquierdas de la capital catalana. Rebelde, con temperamento, Colita aprendió la técnica fotográfica de maestros como Oriol Maspons, que le presentó a Xavier Miserachs, con quien empezó como ayudante en 1961. Con ellos recorrió Barcelona y se acercó a sus gentes. En paralelo, generó una galería de retratos de la cultura en Barcelona. Trabajó para numerosas revistas, publicó más de setenta libros y protagonizó más de cuarenta exposiciones. Cuando estaba retirada, fue distinguida con el Premio Nacional de Fotografía, en 2014, que rechazó por la política hacia la cultura del PP, entonces en el Gobierno.

Retrato de Maria Aurèlia Capmany tomado por Colita en 1978.
Retrato de Maria Aurèlia Capmany tomado por Colita en 1978.Archivo Fotografía Colita

La exposición del Círculo ha tenido su prolongación en un acto celebrado poco después en el Instituto Cervantes, donde Polop, acompañado de la escritora y periodista Maruja Torres, amiga de Colita, han depositado un legado que estaba previsto que hubiese entregado la hoy homenajeada. Se trata, precisamente, de un ejemplar de la reedición de Antifémina y uno de los libros más importantes de la fotógrafa, Luces y sombras del flamenco, que publicó Lumen en 1975 con sus imágenes y textos del poeta José Manuel Caballero Bonald.

El director del Cervantes, Luis García Montero, ha destacado que Colita “nos enseñó a mirar la realidad sabiendo que en una democracia la libertad es decisiva”. Maruja Torres ha destacado que “su obra sigue muy viva”. Y la sorpresa final del legado ha llegado en una pequeña caja de la que Polop ha sacado una diminuta cámara, una foto de Colita disfrazada de payasa, unas gafas de juguete, una pajarita y una nariz postiza. Pequeños símbolos de quien decía sobre su manera de afrontar el oficio de fotógrafa: “Yo siempre he sido una payasa muy seria”.

El director del Archivo Colita, Francesc Polop, y la escritora Maruja Torres, con una caja de la fotógrafa Colita de su legado 'in memoriam' en el Instituto Cervantes, este jueves, en Madrid.
El director del Archivo Colita, Francesc Polop, y la escritora Maruja Torres, con una caja de la fotógrafa Colita de su legado ‘in memoriam’ en el Instituto Cervantes, este jueves, en Madrid.Sergio Pérez (EFE)

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